BIOGRAFÍA

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SARA nació el 11 de Mayo de 1899, en Kassa, una de las antiguas ciudades de Hungría, asistió a la escuela y a la escuela Secundaria, graduándose de maestra.

Tenía una personalidad un tanto amuchachada, gran fuerza de voluntad, y pensaba con su propia cabeza. Una compañera de estudios, buena amiga suya, la describe como divertida y bromista, amiga de chistes, pero a la vez con un profundo sentido social, lealtad y perseverancia. Ya en su adolescencia escribía piezas de teatro. Por las noches, cuando algún miembro de la familia abría la puerta de su habitación, con frecuencia la veía arrodillada frente a su cama, la cabeza hundida entre las manos, en profunda meditación y oración.

Tenía una personalidad un tanto audaz, gran fuerza de voluntad, y pensaba con su propia cabeza. Una compañera de estudios, buena amiga suya, la describe como divertida y bromista, amiga de chistes, pero a la vez con un profundo sentido social, lealtad y perseverancia. Ya en su adolescencia escribía piezas de teatro. Por las noches, cuando algún miembro de la familia abría la puerta de su habitación, con frecuencia la veía arrodillada frente a su cama, la cabeza hundida entre las manos, en profunda meditación y oración.

Trabajó un año como maestra, pero renunció a esa carrera al negarse a hacer el juramento de lealtad requerido por el Gobierno Checo, después de la anexión de esa región. Aprende encuadernación, trabaja en la sombrerería de su hermana y, desde 1919, escribe artículos para diferentes periódicos del Norte de Hungría. Ese mismo año obtiene su tarjeta de periodista. En 1926 aparece el primer volumen de sus cuentos, titulado "La flauta negra".

Mientras tanto, lleva la activa vida fácil de los periodistas y artistas, que sin embargo, no puede identificarse con lo que hoy conocemos como acomodada o aristócrata. En su diario, ella nos describe tal género de vida, del modo siguiente: "Independencia, cigarros, cafés, andar sin sombrero por las calles, con las manos en los bolsillos, comer en un bar, música gitana..."

Se compromete para casarse, y el compromiso dura unos meses, de 1922 a 1923. Pronto, sin embargo, se dio cuenta de que la vida como esposa de un camarero de provincias no se avenía a su personalidad activa y dominante, y devolvió su anillo Al mismo tiempo parece percibir en su corazón una llamada a su futura vocación. Así escribe ella en sus reflexiones: "¿Y si Dios quiere tomar posesión de ti?... La primera palabra ha sido ya pronunciada, y tú la has oído. ¡Y todavía dudas! Inquietud, búsqueda y lucha. Hay algo que te ha impedido responder. Quizás sea tu profesión que tanto te gusta; podrían ser los cigarros baratos cuyo humo te envuelve tan totalmente." En la vida de Sara, el forcejeo por su vocación duró diez años.

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En 1927 conoce a las Hermanas Sociales, que se habían establecido en Kassa. En 1928 asiste a un curso de trabajo social y bienestar público, organizado por las Hermanas y se acerca más y más a la mentalidad de la Sociedad. El mismo año realiza una visita "exploratoria" a la Casa Madre de la Sociedad, en Budapest, donde encuentran extraño su estilo moderno, de fum ar cigarros, pero no la desaniman. Sara se da cuenta de que, para poder caminar en la senda de la libertad interior - que abre nuevas perspectivas para la total dedicación a Dios - tiene que cambiar. Tiene que probar que ella puede.

En 1929 solicita su entrada en la Sociedad de Hermanas Sociales y es aceptada. Comienza en Febrero su Noviciado en Segvar.

Pronuncia sus Primeros Votos en Segvar, en Pentecostés de 1930. Su lema lo forma una simple palabra, "¡Alleluia!".

En el otoño del 1932 es transferida a Komaron, donde organiza el trabajo de la Oficina de Caridad y al mismo tiempo supervisa el Comedor Infantil. Imparte catecismo a los niños de las escuelas, edita el periódico "La Mujer Católica", dirige la tienda de artículos litúrgicos, supervisa el Asilo de Pobres y visita familias.

En 1934 se le encomienda organizar a las mujeres húngaras que viven en Slovensko. Junto con Lujza Esterházy establece la "Asociación de Mujeres Católicas", de la cual será Secretaria hasta 1937. Se mantiene en constante correspondencia con las líderes de 80 organizaciones, organiza cursos, viaja a diferentes lugares en Alta Hungría y Sub Carpatia, y da conferencias a muchachas y mujeres católicas. Se la transfiere a Kassa en 1934. Está completamente exhausta, por lo cual no le permiten la renovación de sus votos. Durante el año siguiente, que es un año sin votos, no cambia su modo de vivir. Es en este tiempo que siente por primera vez el deseo de hacer labor misionera. Continúa realizando su trabajo con total lealtad y humildad. Se esfuerza para organizar a las jóvenes, les ofrece preparación para el matrimonio cristiano. Recibe entonces la gracia de una constante, íntima comunicación con el Divino Esposo. "El pertenecer a Dios es la única felicidad, pero una felicidad tal que sobrepasa a cualquier otra cosa", escribe a su amiga.

En 1937 los monjes Benedictinos piden a las Hermanas Sociales que les ayuden en su obra misionera. La Madre General, Margarita Slachta (conociendo los deseos de Sara) no le niega su petición. Para poder lleva adelante este plan, Sara debe obtener la ciudadanía húngara. Por esta razón sale para siempre de Kassa y se muda a Budapest.

Mientras tanto, los trágicos eventos de la Segunda Guerra Mundial tornan imposible el proyecto de ir a Brasil. "Ya no deseo ir a Brasil", escribe en su diario, "yo solo pido el poder vivir santamente, el servir a Dios de manera santa."

En Pentecostés de 1940 le permiten hacer sus Votos Perpetuos. Escoge un nuevo lema: "¡Alleluia! ¡Ecce ego, mitte me!" ( ¡Heme aquí, Señor, envíame!).

La Hna. Margarita Slachta y la Sociedad de Hermanas Sociales hacen uso en esos momentos, de todos los medios posibles para luchar contra la venenosa influencia del Nazismo que parece invadir todo el país. Están plenamente conscientes de los serios riesgos que esta lucha implica. En Abril de 1940, escribe Sara en su diario: "...que yo no tema a la tortura, que yo acepte con gozo los padecimientos menores, que yo enfrente a la muerte alegremente."

A partir de Febrero de 1941, se convierte en la Secretaria Nacional del Movimiento de Mujeres Obreras, y edita el periódico del movimiento. Durante los tres años que aquí trabaja, establece cinco residencias para jóvenes trabajadoras, con espacio para 300 en cada una. También funda la primera "Escuela Húngara para Obreras Adultas".

En el editorial del periódico de las DL, Sara ofrece un claro programa ideológico católico muy distinto de la mentalidad pública del momento, la cual se ha tornado ya fascista y pagana. Al mismo tiempo crece y se fortalece en ella más y más el deseo de dar su vida, en el caso de que las Hermanas y la Iglesia fueran perseguidas. El permiso le es concedido. A finales de Septiembre o principios de Octubre, pronuncia su oración de oblación en absoluto secreto, en presencia solamente de la Madre General y su Asistenta.

Las Hermanas de la Sociedad tomaron parte activa en el rescate de víctimas de la persecución, lo cual, por cierto, exigía gran coraje y determinación. Salvaron la vida de unas mil personas; la misma Sara salvó a unas cien. Las casas de la Sociedad, ya fuera en la capital o en el resto del país, estaban repletas de personas escondidas, todas con documentos falsificados.

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El 27 de Diciembre de 1944 los Nazis húngaros rodearon el Hogar de Obreras de la calle Bokreta No. 4, que Sara dirigía. Buscaban judíos y habían detenido a cuatro personas sospechosas y a una maestra de religión, Vilma Bernovits. La Hna. Sara no estaba en casa en ese momento llegó cuando los Nazis se iban a retirar. Pudo haber evitado el ser arrestada, pero no lo hizo. Siendo la persona responsable de la casa, a ella también se la llevaron.

Esa misma tarde - de acuerdo a un testigo ocular - todos los seis fueron desnudados y fusilados, cayendo en el helado Danubio. Antes de la ejecución, la Hna. Sara se arrodilló, miró a sus ejecutores, y luego, mirando al cielo trazó en ella misma un gran signo de la cruz. Dios aceptó el sacrificio de su vida, su martirio había sido aceptado.

Ninguna otra de las Hermanas, que habían tomado parte en las actividades antifacistas y en el rescate de judíos, recibió daño alguno, así como tampoco murió ninguna en la Segunda Guerra Mundial.

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PERMANEZCO TUYA MI
SEÑOR DIOS,
CON GRATITUD
INDESCRIPTIBLE PORQUE
EN TI TENGO
TODO LO QUE NECESITO.

Diario de la Hna Sara